No fumar, ejercitarse, consumir frutas y verduras, hacerse exámenes como gastroscopias y mamografias periódicamente y vacunarse contra el virus del papiloma humano. Esas son...
La Caja Costarricense de Seguro Social cuenta con dos aceleradores lineales para tratar a los pacientes con cáncer. Uno funciona de manera intermitente y otro está del todo fuera de servicio. En resumen, la institución cuenta con un acelerador lineal’ a veces. Por otro lado, los enfermos deben superar un mes de trámites burocráticos y otros 45 días de espera para ser llamados a radioterapia. Todo esto después de ser diagnosticados como víctimas de una enfermedad que exige tratamiento inmediato, so pena de muerte.
La situación es inaceptable desde cualquier punto de vista, pero la capacidad de asombro se agota al constatar la existencia de recursos suficientes, aunque ociosos, para producir una significativa mejora. En el 2008, el Instituto Costarricense contra el Cáncer giró a la Caja ¢38.600 millones, de los cuales solo se han invertido ¢1.800 millones en la lucha contra la enfermedad, según un informe de la Contraloría General de la República.
Pese a la urgencia del caso, la antiguedad del problema y el largo periodo de acumulación de fondos, que desde hace años hacía previsible la existencia de sumas suficientes para producir una mejoría, la Caja aún no sabe qué hacer con el dinero. Las inversiones no están definidas, y las metas e indicadores de desempeño brillan por su ausencia, según la Contraloría.
El Dr. Luis Bernardo Sáenz, director del proyecto de la Caja para mejorar la red de atención del cáncer, explica que “nada hacemos gastando miles de millones de colones si no sabemos hacia dónde vamos. Por ejemplo, ahorita no tenemos cómo medir el impacto de la lucha contra el cáncer’”. Tiene razón, pero ese es el problema y también una buena síntesis de los defectos hallados por la Contraloría, no una explicación aceptable del atraso y la falta de previsión.
La Caja promete invertir ¢75.000 millones en años venideros, hasta el 2015.
En el 2013, asegura, habrá dos nuevos aceleradores, suficientes para poner fin a las listas de espera. Las promesas no son consuelo para los pacientes afectados en la actualidad, quienes viven cada día con la angustia del desarrollo de su padecimiento.
El problema no se circunscribe a la falta de equipos y la lenta ejecutoria del presupuesto. Según la Contraloría, el país padece de una “débil articulación e integración en la Red de Servicios de la CCSS para el abordaje del cáncer”. Es decir, las dificultades son sistémicas y comprenden todas las fases del tratamiento, comenzando por el diagnóstico. La Caja no encuentra defensa frente a las observaciones de la Contraloría y se limita a calificarlas como “un oportunidad de mejora”, en palabras de Rosa Climent, gerente médica.
El diagnóstico de la Contraloría nace de un ejercicio de auditoría, hecho por técnicos en otras materias, pero encuentra apoyo práctico entre quienes ocupan la primera fila en la lucha contra la enfermedad. El oncólogo William Hernández, jefe de la especialidad en el Hospital Calderón Guardia, acusa al país de un atraso de 50 años en comparación con el mundo desarrollado y asegura la existencia de rezago aun en relación con algunas naciones centroamericanas.
Es difícil creerlo y es tentador pensar que el médico podría estar exagerando, pero basta una fracción de correspondencia entre sus declaraciones y la realidad para entender que esta última es dramática. Imposible rebatir la lógica del Dr. Hernández cuando pregunta para qué hacer cirugías de remoción de tumores si después el paciente no recibirá, en forma oportuna, el tratamiento indispensable.
En el Hospital de Alajuela, 800 pacientes esperan el resultado de las biopsias practicadas para saber si padecen cáncer y en qué grado de evolución. Un patólogo lucha en solitario contra la lista de espera. En el San Juan de Dios, los oncólogos dependen de una sola sala de cirugía y 16 camas. El Calderón Guardia ofrece citas quirúrgicas a cuatro meses plazo, cuando menos. Esos son síntomas de una grave enfermedad padecida por la Caja, cuyas características incluyen atrofia de la capacidad de ejecución e imprevisión crónica.
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